Pedro Olalla: ¿Por qué griego?

Pedro Olalla González de la Vega[1]  (Oviedo, España, 1966) es escritor, helenista, profesor, traductor, fotógrafo y cineasta, y en estos campos desarrolla su actividad profesional en colaboración con editoriales, universidades e instituciones culturales de diversos países del mundo. Desde hace treinta años, mantiene una intensa relación con Grecia, país en el que se inició en el helenismo y en el que, en 1994, fijó su residencia para dedicarse a la investigación, la creación y la didáctica. Su principal ocupación es la escritura (30 títulos originales en distintas lenguas), campo en el que ha publicado obras de contenido literario y cultural, guiones y audiovisuales, así como una larga serie de artículos periodísticos y traducciones de autores griegos y españoles. Impartió cursos de griego moderno en la Universidad de Oviedo y, ya en Grecia, fue durante años director del Boletín Cultural de la Embajada de España, redactor jefe de la revista mensual bilingüe “El Sol de Atenas” y profesor del “Máster de Traducción y Traductología” de la Universidad de Atenas. Desde 1994 trabaja como profesor en el Instituto Cervantes de Atenas y en el Parlamento Griego, colaborando asimismo con otras instituciones. Entre sus obras destacan el “Atlas Mitológico de Grecia” –obra patrocinada por la Fundación Onassis y premiada por la Academia de Atenas, para cuya elaboración ha recorrido más de cien mil kilómetros por Grecia tras las huellas de los antiguos mitos–, la serie documental de televisión “Los lugares del mito” –una producción de la Radio Televisión Griega (ET1) para la Programación Especial de los Juegos Olímpicos Atenas 2004–, la película documental “Ninfeo de Mieza: El jardín de Aristóteles” –un recorrido por el lugar donde el filósofo educó al joven Alejandro Magno–, el libro “Arcadia Feliz” –un amplio viaje por la cultura de Occidente rastreando las huellas del elemento arcádico–, sus últimos libros “Historia Menor de Grecia”, –una mirada histórica y literaria sobre la formación y la supervivencia de la actitud humanista– y “Grecia en el aire” –herencias y desafíos de la antigua democracia ateniense vistos desde la Atenas actual–, y su última creación audiovisual, la película “Con Calliyannis”, nominada al premio “Mejor Largometraje Documental” de la Academia Griega de Cine. Por su labor en el estudio y en la promoción de la cultura griega, ha sido nombrado Embajador del Helenismo por el estado griego, Miembro del Centro de Estudios Helénicos de la Universidad de Harvard, Ciudadano Honorario de Kleitor (Arcadia), Quíos y Oinousses.

Preguntas

Hola Pedro, en primer lugar, tengo muchísima curiosidad de saber cómo ha empezado tu contacto con Grecia y con el idioma griego. ¿Cómo nació este amor que ha durado tantos años?

R: Mi amor por Grecia empezó de una manera temprana, paulatina, a través del contacto con muchos estímulos que están presentes en los libros, en las imágenes pictóricas en lo que uno ve en su alrededor. Para alguien que se interesa por la cultura, Grecia está presente en muchas de estas cosas. Ya desde niño se empiezan a recibir estímulos que te llevan hacia lo griego. Mucho después, si te pones a profundizar en cualquiera de esos campos, Grecia siempre está en el capítulo Nº 1. Este fue el proceso paulatino de seducción. No es que un día me levantara y de repente me entrara el interés por el griego sino que se me fue conquistando gracias a su insistencia a su permanente bombardeo con esos estímulos. Más adelante, caí en la cuenta de que lo que estaba haciendo es cultivarlo  a través de lecturas, a través de mis primeros viajes a Grecia, a través de experiencias que me resultaban sugerentes. Cosas como un proyecto fotográfico, un proyecto literario, algo relacionado con la con la educación o con la enseñanza. Y así, poco a poco, tirando de todos estos hilos, se fue construyendo un trasfondo. Lo que hago ahora no es otra cosa que seguir inventando sobre esas bases. Es una aventura personal de descubrimiento. Una mezcla de vocación, seducción y de reconocimiento de cosas que veía y, también, de proyección por mi parte. Yo creo que en, cualquier relación, para que funcione, tiene que haber un ‘toma y daca’. Tienes que poner mucho en ella. No puede ser simplemente recibir y tener una actitud pasiva. Eso sucede también con el mundo del griego. Yo sé que a mí me gusta porque también he puesto mucho de mi parte para que  me guste.

¿Fue difícil para ti aprender griego?

R: Pues yo creo que no fue difícil. No quiero decir que sea fácil pero en mi caso particular fue una aventura solitaria, individual y que me resultaba muy estimulante. Y yo tenía ya una formación  lingüística cuando comencé a aprender griego a los 22 años o por ahí. Conocía ya otros idiomas, tenía una facilidad también para las lenguas. Tenía, sobre todo, un interés propio en enseñarme griego a mí mismo. El hecho de que no hubiera tampoco muchas facilidades, de que no había libros en español con los que estudiar griego, y no hubiera ni siquiera un diccionario, -lo pude adquirir tiempo después-, fue algo muy limitador. Tuve que empezar a aprenderlo a través del francés, fundamentalmente, con una gramática del griego moderno en francés. Es decir, mediante un método autodidacta también en francés sin parte acústica. Fui explorando la lengua a través de todo tipo de documentos, – lo que ahora se llaman documentos reales, pero en aquella época eran simplemente etiquetas papeles, letreros luminosos, o cualquier cosa que te llame la atención-, y te lleve a intentar extraer la gramática de esa casuística. Para mí, eso fue una aventura intelectual muy estimulante y por eso creo que no fue difícil. Eso en cuanto a la experiencia vivencial de aprender la lengua. En lo referente al terreno meramente lingüístico, meramente filológico, tampoco me fue difícil por el hecho de que, como decía, yo tenía ya una formación de lenguas clásicas y también en lingüística general. Es decir, que yo sabía cómo funcionaban las lenguas, casi todas las lenguas de nuestro entorno. El griego moderno pues tiene mucho de lengua clásica y también de lengua moderna o de lengua románica en este sentido. O sea, que comparte muchas estructuras, procesos fonéticos y mucha sintaxis que es más parecida a la de las lenguas neolatinas que a del propio griego. Por ello, todas estas cosas a mí me resultaba fácil de rastrearlas y sacar conclusiones generales e inducir de alguna manera las normas a partir de los casos. Claro, siempre es más difícil inducir que deducir. Y es más difícil ir de lo particular a la norma que aplicar la norma en los casos particulares. Eso resulta que también es un proceso más constructivo, creativo y estimulante. La motivación juega mucho en todo esto. Así que yo me encontré, por un lado, con una motivación muy grande; y por otro, con una con una formación lo suficientemente sólida como para poder meterme en esa aventura y así fue como sucedió.

¿En qué te ha servido en la vida aprender griego?

R: Me ha servido muchísimo y evidentemente no lo voy a valorar desde el punto de vista crematístico o profesional, -que también me ha sido útil-. Pero, sí, me ha servido sobre todo como una aventura intelectual de larga duración. Ha sido una excelente manera de tomar conciencia de mi propia lengua, y de la lengua como fenómeno, como materia prima de soporte del pensamiento y vehículo para llegar a determinadas ideas, términos, textos, realidades. También me ha servido para poder hacer un ‘Helenismo’ in situ. No para hacerlo in absentia o a distancia, sino que me ha permitido estar aquí, en contacto con la gente, los lugares, con la propia lengua en vivo y sus fuentes. Con los estímulos y los problemas diarios y, sobre todo, en contacto permanente con mis principales objetos de estudio, cosa que le da unas dimensiones mucho más amplias e intensas que la mera dimensión libresca, desde la que a veces se suele abordar.

¿Cuál es la relación entre el griego moderno y antiguo?

R: Por supuesto, el griego moderno es una evolución del griego antiguo, no puede ser otra cosa diferente, a no ser que fuera una lengua desaparecida y reconstruida de forma artificial etc.  Históricamente nunca había desaparecido y en esa evolución conserva cuestiones que son muy similares a lo que era el griego antiguo, aunque ya sabemos el griego nunca fue una verdad estática. En el griego antiguo, también había evolución, incluso una evolución muy rápida, en muchos aspectos: en los géneros literarios, en los dialectos. Ha habido siempre una evolución y el griego moderno es el resultado de esa evolución. Ha sufrido, sin embargo, algunos procesos sintácticos, fonéticos, léxicos, por supuesto semánticos, en los que guarda grandes similitudes con las lenguas neolatinas. En ese sentido se acerca a esos puntos, a estas otras lenguas en su devenir, sin que esto signifique que se desgaje de una trayectoria histórica, o que pase a ser otra cosa diferente.

En el caso de que una persona en España quiera o necesita aprender griego moderno, ¿qué oportunidades tiene?

R: Yo llevo aquí 23 años seguidos y, hasta hace muy poco, las posibilidades de aprender griego en España de manera no autodidacta, eran escasas. De hecho, me tocó ser pionero, impartiendo por primera vez griego moderno en la Universidad de Oviedo a los principios de los años 90, y ver cómo nacían grupúsculos de gente interesada. Y no solamente en Asturias, sino también en otros lugares y pude ver también a otros pioneros haciendo lo mismo en Granada, Málaga, Madrid, de forma muy embrionaria todavía, durante muchos años. Y como era un terreno que no se había hecho nada, solo cabía mejorar, aunque la evolución fue lenta y la demanda era muy limitada. Sin embargo, algo ha cambiado en los últimos años. Creo que ha habido un cambio cuantitativo ya que, en estos momentos, acceder al estudio del griego se parece más al estudio de una lengua moderna. Ahora puede ser estudiado metodológicamente, casi como el inglés, en una escuela oficial de idiomas, en un Centro de Lenguas Modernas, incluso en algún departamento de  las universidades. Eso es consecuencia de que hay una demanda mayor y un avance en los trabajos académicos.

¿Cuál es el perfil de un estudiante de griego?

R:  El perfil del estudiante de griego moderno, no puede ser igual al perfil del estudiante de inglés o de francés. No lo hace por  las mismas motivaciones. No es una lengua que la necesite para su profesión o su estudio. Hay una implicación mucho más intensa en estudiar griego moderno. Hay una motivación concreta. Es gente que, o bien conoce ya en el griego clásico y les atrae todo ese mundo y quieren avanzar en ese sentido, o bien son gente que, sin tener ese bagaje, tienen ese mismo deseo y desean entrar en el mundo griego a través del presente, y no necesariamente a través del pasado, como era lo tradicional. Yo conozco muchos casos así, gente que se mete a estudiar griego moderno sin haber pasado por el antiguo, y no tiene ningún problema. Es más, diría incluso que podrían llegar al antiguo a través del moderno, con una aproximación muy diferente y con una con un aprendizaje mucho más  vivencial que el tradicional. En cualquier caso, el alumno del griego moderno es un alumno de perfil alto en ese sentido, alguien que normalmente ya sabe otros idiomas, tiene una formación filológica, y de una cierta edad, aunque este índice está bajando también. Es el perfil de un alumno muy vocacional y eso influye en el éxito del aprendizaje y en el interés de su propósito. Esa es una diferencia importante en relación con otras lenguas.

¿Qué dificultades enfrenta un hispanohablante con el griego?

R: Yo creo que, más que dificultades, lo que tiene son facilidades. Es decir, no me parece que el griego sea una lengua extremadamente difícil, ajena para un nativo español o para un estudiante que tenga el español como lengua materna y que esté habituado a las lenguas romances. Yo creo que, al contrario, tiene muchas facilidades. Antes de pasar a las dificultades, hay que enfatizar las facilidades que tiene. El reto para el alumno, y para el profesor sobre todo, es hacerse consciente de esas facilidades  y de esas similitudes y de ese griego “inconsciente” que hablamos al hablar español. Es cuestión de dejar que aflore, que sea visible ese elemento griego que hay en nuestra propia lengua, y en nuestra propia estructura lingüística. Eso es una facilidad o, al menos, un potencial hacia lo más fácil si se sabe cultivar y despertar. Hombre, existe una dificultad objetiva que no podemos ignorar: deben   aprender a concebir  y a manejar un sistema de casos. Yo creo que esa es la cuestión más compleja. En esto, alguien que ha aprendido latín, tiene una ventaja frente al que aún no lo ha hecho.  Pero nuestras lenguas no funcionan con sistemas de casos y eso es algo que hay que aprender igual que el ejercitar la mente en ese proceso combinatorio. Porque, por lo demás, ya estamos habituados a la derivación de palabras, a los sufijos y prefijos. Estamos habituados a los verbos auxiliares, estamos habituados a las preposiciones etc. Puede que no conozcamos la casuística pero sí conocemos la categoría. Sin embargo, el caso es algo que, a no ser que tengas una formación filológica, clásica, es una categoría nueva. Es un instrumento que has de aprender a utilizar. Y en el griego conviven los casos con las preposiciones, claro, con las que ya convivían desde el griego antiguo pero todo eso se puede explicar, evidentemente.  Yo simplemente lo señalo como una de las posibles dificultades objetivas del asunto, pero tampoco lo señalo como una barrera insalvable, ojo. Es más, pienso que más allá de eso, probablemente, no haya otras dificultades para mí tan claras, como esas que suelen decir de que a primera vista del griego no se entiende nada, y en cambio por lo menos en francés o en inglés entiendes alguna palabra. Yo digo que esto es falso para los castellano-hablantes porque, en griego, casi todas las palabras tienen un referente en el español. Lo que pasa es que hay que aprender a detectarlo y a tomar conciencia de ello.

¿En tu opinión, crees que el alfabeto griego, puede ser una barrera a la hora de elegir un segundo idioma?

R:  Hay dificultades que pueden aparecer evidentes desde el primer momento como por ejemplo el alfabeto.  Pero el alfabeto, en el fondo, es el mismo y se aprende enseguida. Eso es una cuestión de horas o de días, como mucho. Es decir, que no es algo que les vaya a torturar de por vida. El árabe es otra cosa. Lo sé por qué he estudiado árabe también. El árabe está pensado desde una cabeza distinta y eso no sólo es una cuestión de alfabeto. Es una cuestión de estructura, de pensamiento. Es otra historia. El griego no es como el árabe en este sentido. El alfabeto griego, aparte de ser la base de nuestro alfabeto latino y de todos los alfabetos fonéticos modernos, sigue una misma lógica y es una cuestión gráfica, algo que además puede ser un atractivo. Hay una cuestión estética en esto que hay que interpretar como un punto a favor y no en contra. No como un punto disuasorio, sino como un punto seductor. Por lo menos, en mi caso, ha sido así y en el caso de otros muchos también. Como el de los adolescentes que empiezan a estudiar griego clásico en el instituto. Cuando lo estudiaban, lo hacían muchas veces atraídos por ese elemento estético, críptico del alfabeto que les recuerda a esas escrituras también adolescentes, cifradas, etc.

Hace unos días encontré una página web que reunía las 30 palabras más bonitas del español, y me sorprendió el hecho de que 20 de esas 30 eran palabras griegas.

R: Evidentemente, hay palabras que son exactamente las mismas y resultan absolutamente reconocibles. Incluso ocurre con otras que nos parece que no son las mismas, pero resulta que tienen correlatos en el español, sobre todo en el contexto de la norma culta del español. Y otras, que nos parecen más diferentes son, en realidad, calcos latinos semánticos de las mismas ideas griegas. Hay una relación en todo eso muy clara y que yo creo que contribuye a que el aprendizaje del griego no sea simplemente un  aprender un idioma en el sentido instrumental de la palabra, sino que es también una aventura de indagación filológica y una auténtica aventura intelectual. No es el aprender un idioma para despacharse en una conversación básica. Es ir más allá, algo que ayuda a oxigenar nuestro pensamiento, nuestra conciencia lingüística, nos impulsa a trazar nuevas sinapsis, nuevos contactos entre elementos de nuestro pensamiento, a relacionar cosas nuevas. Nos va abriendo la capacidad de percepción y eso para mí es uno de los atractivos principales que tiene el aprender griego.

Y sobre la cultura, ¿a qué crees que se deben todas estas similitudes culturales entre Grecia y España?

R: No es no es que tenga similitudes, es que es que en el fondo es la mismo cultura. Pero si te refieres a esta afinidad temperamental  y de pensamiento, eso se debe también a la cultura en el  sentido histórico. Claro que sí que hay una afinidad temperamental muy grande entre los griegos y los españoles. Todo el mundo lo sabe ¿no? Por lo menos, el que ha tenido esa experiencia en un sentido o en el otro. Es decir, desde aquí o desde allí. Lo podemos sentir nosotros cuando un español está aquí, o cuando un griego está allí. Es una afinidad sensorial. Una afinidad como sentimiento de ausencia de extrañeza. Como un sentimiento de proximidad y de empatía, de una afinidad en la manera de ver las cosas.  No quiero decir que seamos almas gemelas pero puedo afirmar que tanto un griego en España, como un español en Grecia, no tiene la sensación de sentirse en un lugar ajeno y hostil y exótico, como le podría ocurrir si se fuera a Argelia o a Suecia, o a Alemania sin ir más lejos. Es decir, se da el hecho de que uno se siente como en casa, en el sentido, o desde el punto de vista empático. Es una la prueba evidente de que no necesita racionalizarse ese discurso, ya que es puramente sensorial. Estamos hechos de tal manera que detectamos esa es afinidad. A partir de ahí, podemos esforzarnos en definirla, explorarla y ponerle nombres. Incluso intentar justificarla, rastrear sus orígenes históricos, etc. En síntesis, lo importante es que es que esa afinidad se da de manera espontánea y eso es lo que hace y demuestra que es real y que no se necesitan mayores explicaciones.

¿Por qué el alemán es más popular entre las escuelas de idiomas en España que el griego?

R: Por motivos de obvio entendimiento. Prefieren aprender alemán porque ven en ello una posible salida profesional, un idioma con perspectivas prácticas para abrirles puertas hacia trabajar en Alemania, por ejemplo. O se dedican a determinadas carreras y necesitan acceso a la bibliografía y tal. Bueno, y en cierto contexto, porque si uno se pone a enumerar las lenguas con más éxito didáctico, en estos momentos, resulta ser el inglés, después viene todavía el francés hasta cierto punto, y luego, ya en tercer lugar, suele aparecer en alemán. Aunque también pueden aparecer otras. Ahora, por ejemplo, debido a los cambios recientes en las economías, hay otras lenguas emergentes en el sentido, digamos, de perspectivas profesionales, como puede ser el propio idioma chino, ¿no? O el árabe o el ruso. En cualquier caso, volviendo al alemán, éste siempre ha tenido ese prestigio de lengua punta y de lengua de gran literatura y filosofía contemporánea. Es fácil de entender, ya que Alemania sigue siendo un punto de atracción para muchas profesiones. Es curioso es que a nadie se le piden explicaciones porque un día decida aprender alemán y, sin embargo, si un día se decide a aprender el griego moderno tiene que armarse de un arsenal de argumentos para justificar esa decisión con razones que, probablemente, no son argumentos de tipo lingüístico, porque de estos últimos habría de sobra.

¿Qué piensas de las clases de idioma a distancia?

R: Me parece que abren una posibilidad que antes no existía. Bueno, no existía en el sentido tecnológico actual por que, bien es verdad que incluso hasta por correspondencia había gente que ha aprendido idiomas y otras cosas, o que ha viajado para aprenderlas. Esa es también una clase a distancia. El hecho de que el deseo de aprender te lleve al movimiento o al viaje. Ahora tenemos esa facilidad y creo que debemos aprovecharla. Aprender a distancia ahora me parece bien en el sentido de que se te  ofrecen todas esas posibilidades, lo cual permite también un aprendizaje a veces, o por lo general, más flexible y personalizado de lo que suelen ser las clases presenciales tradicionales, o los mecanismos académicos tradicionales. Es decir, las clases a distancia, en el sentido de las nuevas posibilidades de Internet, proporcionan una oferta más personalizada. Yo creo que el hecho de personalizar la manera de aprender, de personalizar el proceso del aprendizaje es un punto a favor. Estoy convencido de que se aprende mejor cuando el aprendizaje es más afín a nuestra manera de adquirir conocimientos.

Con ello,  me refiero a las posibilidades en general que da la red, es decir, que tú estés en tu casa y que tengas acceso a la información con todo tipo de maneras y medios: a través de textos, grabaciones, materiales,… como pueden ser películas, canciones, etc. Antes era imposible.  Si llegaba a tus manos una canción griega era como un milagro. Ahora, en cambio, tú puedes entrar y buscar todo lo que quieras al instante. Hay un salto, puedes encontrar las letras, incluso puedes hacer ejercicios con las letras y todo lo que quieras. Entonces, toda esta información pone en manos de la persona interesada un enorme mundo de posibilidades que antes no existían. Pero eso tampoco quiere decir que sea una forma de aprender única y establecida, -en eso consiste su riqueza-, sino que da posibilidades abiertas para que cada persona la pueda ajustar a su manera de aprender. Eso hace el aprendizaje mucho más activo. Tengo muy claro que aprender y enseñar no es la misma acción considerada desde dos perspectivas distintas. No es eso, sino que son dos acciones independientes y, en el mejor de los casos, dos actos que pueden ser concomitantes o sucesivos. Si fueran la misma acción, sólo se aprendería lo que se nos enseña. Y si sólo aprendiéramos lo que se nos enseña, el mundo habría terminado ya hace mucho tiempo. Afortunadamente, aprendemos bastante más de lo que se nos enseña, o aprendemos por otros procedimientos que no están sujetos a la enseñanza, y también somos capaces de enseñarnos a nosotros mismos. En ese sentido yo percibo la enseñanza como un proceso muy activo  y de mucha implicación por parte del que quiere realmente aprender. Entonces, para ese perfil del que quiere r aprender realmente, las nuevas tecnologías en la educación a distancia, el acceso masivo e instantáneo a los informantes y a la información, es un nuevo mundo de posibilidades abierto que antes no estaba a nuestro alcance.

¿Qué te parece la idea de una plataforma educativa de aprendizaje de griego a distancia diseñada para hispanohablantes?

R: A mí me parece bien. Y me parece bien porque, en el fondo, todo método de aprendizaje me parece bien si funciona. En esto, claro, soy funcionalista. Todo está bien si funciona. A mí, personalmente, no es el método que más me interesaría para aprender, pero entiendo y comparto el que haya otras personas que lo prefieran. Me parece bien como planteamiento, sobre todo, porque el hecho de que el grupo esté integrado  por personas que compartan la misma lengua materna y que a su vez la compartan con un profesorado que la tenga también por suya. Y que la comprenda y la tenga en cuenta como vehículo de esa enseñanza y como bagaje lingüístico de esa relación que se establece entre ellos, ya que es un elemento a su favor que va a generar posibilidades de aprendizaje rápido, algo que no debe ser despreciado. Por otra parte, también creo que el aprendizaje es mucho mejor si se produce entre un alumnado homogéneo, -o más o menos homogéneo-, y con un profesorado consciente de esta situación y dispuesto a explotarla, por la sencilla razón de que muchas cosas del griego, por ejemplo, pueden ser obvias para un español y no necesitar ni siquiera detenerse demasiado para explicarlas. Mientras que, a lo mejor, para un hablante, por ejemplo, del mundo semítico, lo mismo, puede llevar arduas horas de trabajo, aparte de cuestiones fonéticas, o afinidad de los idiomas, etc. Con ello, me refiero a cuestiones conceptuales como, por ejemplo, lo que es un infinitivo, o lo que es un verbo auxiliar. Esas son cuestiones que, para nosotros, pueden ser de obvio entendimiento o al menos muy fáciles de transmitir. Sin embargo, para otras lenguas, con otros sustratos lingüísticos, son cuestiones complejas y delicadas que necesitan mucha exploración. En resumen, yo creo que si el enseñante y el aprendiente pueden ser conscientes de esta situación y aprovecharla como un instrumento a su favor, la cosa saldrá muy bien.

[1] Pedro Olalla – EL AUTOR. (2011). Pedroolalla.com. Retrieved from http://pedroolalla.com/index.php/es/el-autor

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